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Autor Tema: Mi fantasía, 3ª  (Leído 416 veces)

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Mi fantasía, 3ª
« en: 16 de Octubre de 2011 »

Mi fantasía, 3ª parte

Una semana después del encuentro con Braulio, un miércoles a media mañana, recibí un mensaje de texto en el celular: “Alonso… o mejor dicho Alicia, como ya le cumpliste el caprichito a mi hijo de dejarlo que te ultrajara a su antojo, ahora sí tienes derecho a volver a disfrutar de mi pene, márcame, tu amo, Braulio”.  Con mi manía por siempre revisar el celular y el deseo de seguir con mi salida del closet como travesti, no tarde ni 3 minutos en marcarle a “Don” Braulio (como me gustaba decirle al hombre que me hizo mujer por primera vez).

“Don Braulio, cómo está” le dije con la voz más suave que pude “dígame en qué puedo complacerlo”…. “Hola mi mujercita con pene”… me contestó… “ya quiero gozarte de nuevo… además tengo un gran plan para ti… te voy a mandar una dirección… es la de mi taller mecánico… te espero ahí pasado mañana a las 6pm, sin falta, más te vale que estés ahí o nunca más probaras mi leche en tu boca… no te preocupes por la ropa para que te transformes… yo ya te compré ropita de puta”… “ahí estaré Don Braulio”… le respondí”… “ven lubricada y dilatada… te vamos a partir en dos… ahora sí sabrás lo que es ser cogida”… “pero… Don Braulio…” titubeé “es una orden zorrita!!!”, me dijo subiendo la voz y colgó.

Me quedé temblando, en parte por excitación en parte por miedo. Don Braulio (ver relatos previos) y su hijo Rubén realmente me habían sometido a sesiones brutales de penetración anal, así que no imaginaba que sería para ellos “una verdadera cogida”.  Esa noche no dormí, en parte por inquietud y temor, en parte masturbándome pensando en lo que me esperaba.

El viernes a las 5.50pm estaba ahí puntualita, efectivamente era un taller mecánico clásico: cortina de metal cerrada, color amarillo y negro, con su anuncio de Bardahl en la entrada.  Me estacioné a dos cuadras, para que no vieran mi auto, lo que después resultó ser un error. Me bajé, llevaba jeans y una camisa polo de manga corta, iba vestido como el heterosexual que soy de día. Toqué una puerta de metal algo oxidada que parecía la entrada de servicio. Esperé unos segundo y me abrieron. Rubén abrió la puerta y me dijo “mírala puntualita”, me agarró del cuello, me obligó a agacharme y darle un beso a su pene por encima de su pantalón, mientras me decía “ya te está mi esperando mi miembro bien tieso para seguirte haciendo más grande el ano”.   Después de tenerme unos segundos besando su miembro por encima de su pantalón, me hizo pasar al fondo del taller, que era una bodega mediana con herramientas en las paredes, una mesa de trabajo y el centro completamente despejado y de cemento. Ahí estaban ya Don Braulio y dos hombres más, igual que él, de entre 40 o 50 años, fuertes, no muy atléticos, pero varoniles. Uno, Ricardo, era casi de mi estatura, yo diría 1.80 metros un poco llenito, medio calvo igual que Braulio, con una pancita acorde a la edad. El otro más bajito, Tony, 1.70 más regordete pero con brazos muy fuertes y dedos y manos muy gruesas. Todos se veían sudorosos y de profesión similar a la de Braulio y su hijo.

Sin embargo, lo que más me hizo brincar el corazón fue que en el centro de la bodega, estaba Ángeles, una chica delgada, de unos 25 años, de piel muy blanca. Estaba hincada con tan sólo una pantaleta de encaje negro y un sostén similar. Estaba masturbándose mientras los demás la veían y le decían “así zorrita, suéltate, ya todos te hemos probado y sabemos lo que te gusta”.  Me sentí avergonzado y excitado de que hubiera una mujer ahí. Avergonzado porque era la primera vez que aparecería como travesti ante una mujer, y excitado por lo que podía hacerse con su vagina y mi ano en manos de cuatro machos rudos como los que se estaban preparando para disfrutarnos.

Al verme llegar Don Braulio grito “por fin señores, ya todos sabemos que Ángeles va a ser el plato principal, pero aquí Alonso… perdón Alicia (dijo con tono burlón)… va a ser el postre… un postre mixto hombre y mujer… que sólo tiene un agujero, pero se lo vamos a dejar bien grande”… dicho eso me señaló una puerta pequeña al fondo de la bodega y me dijo en voz baja “ve y cámbiate perrita… allá está tu ropa para esta ocasión”.

Atravesé la bodega entre la mirada de Rubén, Ricardo y Tony. Entré al cuartito y ahí encontré lápiz labial, maquillaje para los ojos, unos aretes de presión y, la pieza principal de mi vestuario: un mallón de lencería, de cuerpo entero y encaje blanco. Había en el fondo del cuartito un espejo viejo y roto puesto como vestidor. Me puse el mallón de encaje que me cubría las piernas, de manga larga, sólo con aberturas en la posición de los senos y en la entrepierna, lo que dejaba abierto el acceso a mi ano para lo que vendría esa noche, y a mi pene que estaba erecto  a más no poder. Una botella de lubricante estaba también al lado del espejo con una nota que decía “putita lubricada, vale por dos”.

Pensé que todos esperarían mi salida para iniciar, y que me recibirían con la excitante sesión de insultos y amenazas de ultraje, pero no fue así. Estaba poniéndome los aretes de presión cuando empecé a escuchar gemidos femeninos y gritos de… “más, dale más, pártela en dos… déjasela ir hasta el fondo”. Salí del cuarto completamente transformada en Alicia y me encontré con el espectáculo de Don Braulio acostado boca arriba en el piso de la bodega, mientras los otros tres sostenían a Ángeles en el aire, con las piernas abiertas y la bajaban poco a poco sobre la verga de su macho. La subían y bajaban completamente, manoseándole los senos, que ya estaban rojos de tantos apretones y llevando la verga de Don Braulio directo hasta sus nalgas y el fondo de sus entrañas. Ángeles se veía gozando y sufriendo de una penetración en la que ella no podía definir ni ritmo ni profundidad. Era una muñeca de trapo en manos de 4 gorilas.

Yo estaba disfrutando la escena cuando Tony me dijo… “por fin ya esta aquí nuestra mujercita de un solo agujero… ven acá puta y lámenos las vergas”… Así, mientras ellos seguían subiendo y bajando a Ángeles sobre la verga de Braulio, yo empecé a lamer su penes. Iba de uno a otro, lamiendo bien sus testículos y limpiando los fluidos que les escurrían de las cabezas de sus vergas duras y brillosas.  De pronto pararon y nos dijeron “ahora unos besos de nuestras zorras”… Ángeles se acercó a besarme y yo le correspondí. Fue una sensación increíble porque me sentí mujer besando a otra mujer, una lesbiana hecha y derecha. Mientras nos besábamos Rubén y Ricardo metían sus penes entre nuestras bocas y los lamíamos y chupábamos, cruzando nuestras lenguas con sus miembros e intercambiando fluidos. Tony  y Don Braulio, mientras tanto empezaron a introducir sus dedos en nuestros orificios sexuales. En mi caso metían sus dedos en mi ano y a Ángeles le reventaban la vagina con dos o tres dedos de cada mano al mismo tiempo. Se veía que mi compañera ya estaba bien entrenada, porque su cara era de enorme placer. Así estuvimos un rato, nos cambiaban de pene, llegaban profundo a nuestras gargantas, nos tomaban de la cabeza y nos cogían por la boca. A veces tenía dos penes al mismo tiempo en los labios, a veces lamía testículos mientras Ángeles lamía troncos, mientras seguían penetrando con sus dedos nuestros orificios.

“Ahora es momento de volver a coger” dijo Ricardo, y puso Ángeles boca arriba  con las piernas al aire, Rubén me puso a mí al lado de ella, yo viendo hacia un lado y ella hacia otro, de tal forma que nuestras bocas podían besarse. Primero fue el turno de Ángeles, Ricardo empezó a bombearla sin piedad, la veía sacudirse con cada penetración, Rubén levanto también mis piernas, las puso en sus hombros y empezó a penetrar mi ano, con su estilo rudo y sin piedad. Yo empecé a gemir y todos me decían “eso, gime mujercita, para que veas lo que es ser verdadera hembra”. Mientras nos cogían, Braulio y Tony ponían sus penes en nuestras bocas, así Ángeles y yo nos besábamos mientras les hacíamos sexo oral.  Tomaron turnos, y pronto los cuatro, Braulio, Rubén, Tony y Ricardo ya nos habían penetrado a las dos. Cada vez que dejaban de penetrar a Ángeles llevaban su pene a mi boca para que les limpiara la verga de fluidos, y cada vez que dejaban de bombearme a mí,  me hacían también limpiarles bien el pene para “no ensuciar” a su hembrita que era el plato fuerte.  Luego pusieron a Ángeles a gatas y a mí hincada a su lado, con mi boca cerca de su vagina y su ano, de esa forma terminaban de penetrarla por la vagina y yo de inmediato limpiada sus miembros. Rápidamente se prendieron y a Ángeles le tocó el inicio de su  sesión anal, la penetraban por el ano y yo bien pegadita a su hoyito trasero limpiaba las vergas de nuestros machos cada vez que salían de sus intestinos. Era muy excitante y Ángeles tenía orgasmo tras orgasmo, mismos que yo limpiaba con frenesí.

Luego fue el turno de una doble penetración para mi compañera, y mientras dos de ellos la penetraban, a mí me dieron el trabajo de lamer y chupar los pitos de los dos que esperaban su turno.  A Ángeles la debieron estar cogiendo en doble penetración unos 20 minutos, en todas las posiciones imaginables, mientras yo era como Rubén me gritaba “una maquina chupa vergas para que a la verdadera hembrita no se le enfriarán los fierros que la violaban”.  Ángeles estaba bañada en sudor, con la vagina roja de tanto roce y el ano completamente dilatado, a veces cuando ella pedía un descanso, yo tenía que mamar las cuatro vergas de estos gorilas para que no dejaran de estar bien duras, y luego lamer la vagina y el ano de mi compañera para ayudarla a volverse a lubricar.  Cuando ella recobró el aliento, de nuevo Don Braulio se tendió en el piso y ella lo montó, Tony le llegaba por la espalda y la penetraba por el ano y Rubén le metía su verga en la boca mientras Don Braulio tenía su vagina. Luego, Ricardo me subió a la mesa del taller y puso mis piernas en sus hombros y me empezó a dar sin piedad. Ricardo tenía una verga muy larga, aunque no muy gruesa, que me llegaba muy profundo, y cuando intentaba detenerlo para que no me la metiera toda, lo único que conseguía era que me abofeteara y me diera todavía más fuerte y abriera más mis nalgas para metérmela más hondo.

De nuevo tomaron turnos, pero esta vez conmigo, y cada uno de ellos me violó en esa mesa, a veces con mis piernas en sus hombros a veces yo paradita con los codos recargados en la mesa y ellos dándome por atrás.  Así estuvieron un rato hasta que dijeron “hora de despachar el plato fuerte”. Entonces pusieron a Ángeles boca arriba en el piso, le abrieron las piernas y empezaron a penetrarla por la vagina, se vinieron dentro de ella los cuatro, y cada vez que uno terminaba Ángeles se apretaba la vagina con la mano para evitar que su leche se derramara. Cuando los cuatro terminaron dentro de ella me dijeron “ahora sí putita, a probar tu malteada de leche de macho”.  Me hicieron arrodillarme entre las piernas de ella, que seguía acostada boca arriba y luego Ángeles abrió su vagina y empujó mi cara hacia su rajita, y tuve que lamer toda la leche que salía… al principio sentí un poco de asco, pero luego me excitó y empecé a beber toda mi “malteada”. Cuando terminé de limpiar su vagina hasta la última gota, Ángeles se paró y me dijo “bien hecho Alicia, vas a ser buena compañera y asistente”… Se paró, entró al cuartito y salió en unos segundos con unos pantalones y una sudadera deportiva. Caminó hacia la puerta del taller, la abrió y me dijo “bye perrita de ano abierto”.  Yo en eso momento intenté pararme e ir también por mi ropa, pero Braulio me sujeto y me dijo “tú te quedas, ya se fue el plato principal… ahora queremos el postre”… Ángeles vio todo desde la puerta y me dijo “suerte, la vas a necesitar, yo que tu iba por más lubricante…” me lanzó una mirada burlona y se fue.

Apenas Ángeles cerró la puerta, los cuatro machos se pusieron frente a mí, cada uno con su verga recién deslechada y Rubén me dijo “lámelas todas hasta que se paren de nuevo”.  Quería huir, pero también quería ser su postre, así que de nuevo empecé a chupar esas vergas que ahora olían y sabían a sexo más fuerte que nunca.  Rubén fue el primero en tenerla dura por segunda ocasión y me puso rápidamente en cuatro patas y empezó a penetrarme, mientras yo seguía lamiendo a los demás. Cuando los otros ya se habían recuperado, entonces Braulio abrió una gaveta del taller y sacó una lata de lubricante y la vacío en mis nalgas y mi ano, ardía un poco pero me dijo “créeme que para lo que sigue, vas a agradecer que te aceite como máquina… porque ahora sí te vamos a medir el aceite a fondo…” todos se rieron y yo sólo cerré los ojos.

En un segundo Braulio, Rubén y Ricardo me levantaron en el aire, con las piernas abiertas, como le habían hecho con Ángeles al principio de la sesión, y Tony se tiró en el piso y me bajaron sobre su verga, me entraba muy profundo. Sin piedad alguna me subían despacio sacándome el miembro de Tony poco a poco y me dejaban caer de un solo golpe. Yo sentía como mis intestinos eran penetrados y violados sin compasión, y lo peor era que lo estaba disfrutando y gemía de placer como la mujercita en la que estos cuatro brutos me estaban transformando.  Los cuatro de nuevo hicieron turnos en el piso recibiendo mis nalgas, y los cuatro me penetraron en esa posición que tanto vi gozar a Ángeles, mientras yo me sentía una muñeca de trapo en sus garras. Luego uno de ellos  se sentó en la mesa del taller y llevó mi boca a su pene, mientras los otros tres hacían fila para abrirme el ano  y las nalgas por atrás. Me pusieron en todas las posiciones que se les antojó, me hacían sentarme encima de uno de ellos, mientras los otros me ahogan con sus vergas en la boca, me ponían de rodillas y mientras uno me cogía por atrás los otros me daban de nalgadas o me jalaban los pezones.  Así fui a acabar montando de nuevo a Tony y en ese momento Rubén y Braulio agarraron mis piernas y le dijeron a Ricardo “hora de la doble penetración de esta perrita”.  Yo, que ya sabía que mi sesión no terminaría sin una dosis de doble penetración anal,  apreté los dientes y me prepare a recibir la segunda verga en el culo. Ricardo pidió ser el primero, entró de un golpe, quise llorar, pero pronto pasó el dolor y de nuevo me invadió una sensación desquiciante de placer que quería volverme loca. Sentía que era irreal y todo daba vueltas, no quería que pararan. Ricardo se salió y fue el turno de Rubén, que no tuvo piedad y sumando su pene al de Tony me abrió el ano de par en par. Ya tenía el ano tan abierto que cuando dejaban de hacerme la doble penetración ya no sentía el pene de Tony que seguía dentro de mí. Luego fue el turno de Don Braulio, que me daba tubo súper fuerte y me jalaba el pelo.

La doble penetración anal cambió de posición, ahora dos de ellos se tiraron en el piso, uno encontrado con las piernas del otro, de tal forma que sus penes coincidieran como una gran verga doble y los otros dos me cargaban y daban de sentones sobre los dos penes que me taladraban las entrañas. Eran tantas las sensaciones mezcladas, que mi pene que había estado erecto durante toda la sesión, estalló en una eyaculación que me hizo convulsionar.  Celebraron diciendo “de verdad que a este le encanta la macana, esta acabando sólo a base de verga”… Rubén dijo… “es su segunda vez de acabar a base de pura verga, de verdad es buena hembrita… cuando mi papá y yo lo desvirgamos hizo lo mismo”.

Yo creí que la sesión había llegado a su fin y me preparaba para recibir su segunda descarga de leche de la noche, pero entonces Don Braulio dijo “ahora sí, agárrenmela bien, que no se mueva”. Rubén, Tony y Ricardo se lanzaron sobre mí, pe pusieron a gatas, empujaron mi cabeza hasta el piso y me abrieron las nalgas. Don Braulio se puso atrás de mí, me echó más de su aceite y empezó a meter tres, cuatro dedos en mi ano y  me dijo “te voy a hacer un fisting, te va a gustar y además vas a quedar más abierta para que en próximas sesiones aguantes todavía más verga”… Le supliqué que no lo hiciera, que me iba a lastimar, pero fue inútil, poco a poco sentí como su mano iba entrando a mi cuerpo, centímetro a centímetro, las lágrimas escurrían por mis ojos, pero también lo estaba gozando. Cuando su mano entró por completo fue una sensación enloquecedora, dolía mucho, muchísimo, pero al mismo tiempo me sentía “llena” y con enorme placer. Don Braulio sacó la mano y volvió a introducirla, hizo lo mismo dos o tres veces y entonces dejé de ofrecer resistencia y me dejé caer como bulto en el piso.  En ese momento me soltaron, se pusieron de pie y conmigo tirada en el piso boca abajo, llena de aceite, con el mallón de encaje blanco rasgado, se masturbaron los cuatro al mismo tiempo y me rociaron con una lluvia de semen, las gotas bañaron mis nalgas, mi espalda, mi cara y boca que volteaban a buscar esa leche de macho.

Se burlaron de mí, me ordenaron que me untara su semen como crema y me dijeron “ahora sí ya te puedes ir”.  Temblando de cansancio, con las piernas que no me respondían, me puse poco a poco de pie y empecé a caminar al cuartito para cambiarme. Tony me dijo… “ni lo pienses… sales a la calle como estás… así de puta vestida con mallón de encaje y llena de leche de hombre”… protesté y los cuatro se lanzaron sobre mí, me cargaron y me sacaron a la calle. Afuera había unos jóvenes jugando fútbol, que se veía que conocían a Braulio y sus amigos y lo que hacían en su taller, y celebraron “de verdad está guapa su nueva puta” gritaron. Así me cargaron por dos cuadras hasta mi carro, mientras unos diez chavos me veían con curiosidad, yo estaba agotada y no me importaba lo que me decían, algunos de los jóvenes me tocaban, me agarraban la mano y la llevaban a sus vergas por encima de su ropa… creo que dos de ellos me metieron sus dedos o algunos objetos por el ano… yo cerraba los ojos… por fin, llegamos a mi carro, me subí, cerraron la puerta  del auto, me aventaron mi ropa por la ventana y me dijeron “bien hecho postrecito, ya te llamaremos para que seas el plato fuerte”… Subí la ventanilla, arranqué el auto y me fui con las piernas temblando y oliendo a delicioso semen.

Desde ese día estoy en espera de esa nueva llamada, de ellos o tuya, que sé que no tardará.

Mi fantasía, 4ª parte

Después de la deliciosa y brutal sesión de viernes en la que Don Braulio, su hijo y dos amigos nos habían hecho pedazos las entrañas a Ángeles y a mí, me levanté el sábado en mi departamento, completamente exhausto. Seguía teniendo el mallón de la noche anterior, el rimel corrido en los ojos, semen por todo el cuerpo. Olía a otros hombres. Rogué que nadie me hubiera visto entrar así -travestido y transformado en mujer- al estacionamiento y al edificio. Hice memoria. Ya era muy tarde cuando había llegado y estaba seguro que nadie me vio. Descansé con esa tranquilidad.

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